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“De sexo, burdeles y prostitutas” de María José Villaverde, El País

El País (04/03/2014)

¿De verdad estamos en el siglo XXI, un siglo invadido por la pornografía, donde un tercio del contenido de las páginas de Internet es porno? A juzgar por el éxito de ventas del libro Cásate y sé sumisa, auspiciado por el arzobispo de Granada, parece más bien que hubiéramos retrocedido al siglo XIX. Lo confirmarían los datos sobre la abstinencia sexual prematrimonial, que se dispara entre los jóvenes católicos, y el movimiento que promueve la renuncia al sexo como forma de vida, que empieza a dejarse oír. En un libro reciente, El arte de dormir sola, la autora, editora de la revista francesa Elle,califica de liberadora su experiencia de 12 años sin sexo. Y un sondeo de junio de 2004 de IPSOS desvela que el 25% de las mujeres y el 15% de los hombres encuestados no había tenido relaciones sexuales en los últimos meses y, lo que es más preocupante, al 26% de los varones no le importaba en absoluto. Según una encuesta de 2010 del Ministerio de Salud japonés, el 36% de los chicos y el 59% de las chicas entre 16 y 19 años no estaban interesados por el sexo. ¿Nos encaminamos hacia una sociedad puritana como reacción al hartazgo que produce el exceso de oferta sexual? Sigue leyendo

“Negra, lesbiana y mala madre” de Elvira Lindo, El País

El País (01/06/2014)

No es fácil ser mujer y estar a la vista de todo el mundo. Se puede estar a la vista de todo el mundo por distintas razones: por tu propia actividad profesional o por la de tu pareja. En algún endemoniado caso coinciden las dos circunstancias, entonces, la mujer en cuestión ha de estar preparada para tener la culpa. ¿La culpa de qué? De lo suyo y de lo ajeno. La mujer, en la imaginería popular, es la que maneja los hilos en la sombra. Eso permite al hombre mandar sin ser absolutamente responsable de lo que hace.

En estos días, he leído aquí y allá reportajes sobre las mujeres-de: un aleccionador reportaje en el que se explicaba con detalle cómo cazar a un hombre poderoso, poniendo como ejemplo a Elena Ochoa, la esposa del arquitecto Norman Foster; otro, en el que se redimía a Arias Cañete de sus requiebros machistas desvelando que en casa es su mujer quien manda, y hasta una crónica que daba a conocer al gran público cómo es la mujer que conquistó el corazón de la nueva estrella política, Pablo Iglesias. Las mujeres siguen dando un toque de color, alumbran los reportajes y permiten a los periódicos ofrecer ese toque de papel couché que los lectores serios sólo se conceden cuando van a la peluquería. Sigue leyendo

Cita

El viejo y la Muerte

Entre montes, por áspero camino,
Tropezando con una y otra peña,
Iba un viejo cargado con su leña,
Maldiciendo su mísero destino.

Al fin cayó, y viéndose de suerte
Que apenas levantarse ya podía,
Llamaba con colérica porfía
Una, dos y tres veces a la muerte.

Armada de guadaña, en esqueleto,
La Parca se le ofrece en aquel punto;
Pero el viejo, temiendo ser difunto,
Lleno más de terror que de respeto.

Trémulo la decía y balbuciente:
“Yo… señora… os llamé desesperado;
Pero…” -“Acaba; ¿qué quieres, desdichado?”
-“Que me cargues la leña solamente”.

Cuento popular. Versión documentada por Félix María Samaniego (1745 – 1801)

La memoria de los cuentos

Tengo la suerte de tener como padre a un gran narrador. Sin embargo, durante mi infancia tenía sus energías puestas en surcar otros mares así que, treinta años después, aquí me tenéis, esperando con ansia cualquier historia suya que me transporte a otros mundos, a otros tiempos. Él ignora que escuchar sus correrías una, y otra, y otra vez me genera un placer intenso. Viendo cómo está el percal, pronto no tendrá con quien hablar de política y entonces mi niña sedienta de fábulas lo acaparará todo para ella. ¡Uf!  Un buen cuento (de los de mundos mágicos, niños pícaros, dragones, princesas, ogros, brujas y hadas), bien narrado, nunca se olvida. Tampoco olvidamos al contador, porque nos dedica atención, tiempo y cariño. Cuando se hace desde el corazón, un cuento oral es el mejor regalo posible porque nos ayuda a transitar por la vida, a adaptarnos, a fluir, a conectar con nuestra magia interior. Sigue leyendo

Cita

La consigna “sé linda, amable, cariñosa y no te quejes” corre por la sangre del inconciente colectivo de la mujer hace tantos años como los años que hacen que las mujeres miraron su primera menstruación y sintieron vergüenza, susto, rechazo o asco; o sea, desde el momento en que el alma de la mujer empezó a ser invadida por voces críticas patriarcales.

Graciela Cohen, Amar y permanecer

Acompañar a nuestras hijas en su primera regla

La menarquia o primera regla es uno de los momentos iniciáticos en la vida de una mujer. Por eso es importante que las niñas lo puedan vivir desde la confianza y la celebración y no, como lo vivimos en nuestra generación, desde la culpa, el miedo y el menosprecio del cuerpo femenino y su sexualidad. La comprensión y aceptación de nuestra naturaleza cíclica, que nos acompañará durante varias décadas de nuestra vida, es indispensable para poder crecer saludable y en sintonía. Para sacar el mayor partido de los dones del ciclo menstrual, es importante que las mujeres los conozcamos, los experimentemos y los podamos transmitir a las siguientes generaciones (hombres y mujeres) mediante nuestra aptitud y nuestro ejemplo. No valen los discursitos incongruentes. Por eso, cambiar la percepción del ciclo menstrual exige un gran esfuerzo de nuestra parte pues pertenecemos a una generación que, a grandes rasgos, percibe el ciclo menstrual como un incordio (doloroso o no), como una vergüenza que esconder. Ni se nos ocurre pensar que hay algo de positivo en nuestro “síndrome premenstrual” y en nuestra regla, y que podemos sacar partido de ello. “¿Es que acaso lo hay?”, estaréis pensando algunas. Bien, yo os animo a investigar, a observar, a sentir. Sigue leyendo

“Johansson y otras chicas del montón” de Elvira Lindo en El País

El País, 27/04/2014

¿Se ha fijado usted en el marcado espacio que suele haber entre los muslos de las modelos que anuncian bañadores? Es como si el pubis de esas chicas estuviera dibujado con un tiralíneas que definiera una línea recta entre las ingles. Pobres, esas modelos que vemos en la publicidad no pueden experimentar el placer que las mujeres del montón sentimos cuando en verano, yendo con vestido, la mollita interior de un muslo acaricia la mollita del otro. Es un placer barato y valioso. Sigue leyendo

Minientrada

La violencia cotidiana

A veces me sorprendo maltratando a mis hij@s. No es un maltrato físico, no, es más bien el maltrato de los gestos, las miradas, el victimismo, el silencio, la manipulación, el sadismo… De todos los tipos de violencia que aparecen representados en La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick, la de los padres del adolescente delincuente protagonista (que no quieren ver, que no les importa, que todo les parece bien mientras no de problemas en casa) es la más inadvertida pese a su evidente carga cínica y su total falta de empatía. Y, sin embargo, en nuestra sociedad apenas hablamos (porque la tenemos validada) de ese tipo de violencia cotidiana que ejercemos los adultos hacia los niños. Muchas veces me doy cuenta: exijo (y acabo imponiendo) a mis hij@s, que acaban de empezar a vivir, mucho más de lo que me exijo a mí misma en mi relación con los demás. “¿Es tu niño bueno?”, me preguntan al conocer a mi bebé. Niños buenos, niños malos, desde la cuna (en función, claro, de las molestias que nos ocasionan). ¿Qué forma de dañar puede ser más efectiva que la que enjuicia la propia naturaleza de un ser tan  vulnerable, poniendo en tela de juicio el amor de los adultos?. Qué terror más espeluznante; todavía resuena en mí su eco.