Cita

Fúria

“Em vénen les mosques

quan estudio la sang.

És un suplici llavors,

fugar-me per dins

i tocar-me la carn.

Però és en la lluita

on trobo l’os i és en l’os

des d’on em cuso, si cal,

la ferida”

Blanca Llum Vidal, en “Punyetera flor” (2014)

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“El riesgo de vivir” de Remei Margarit, La Vanguardia

La Vanguardia (07/06/2014)

Una educadora de una escuela de primera infancia me explicaba que un día, un niño de dos años y medio al que le ponía límites por demasiado alborotador, él, con una gran seriedad, le preguntó: “¿Tú me quieres?”. La gran pregunta del vivir. Porque vivir significa relacionarse los unos con los otros, y cuando por primera vez uno se dirige a una persona desconocida no sabe si la aceptará o no, si serán amigos o no, si será fiable o no. Y esta incertidumbre nos acompaña de por vida, pues incluso con las personas ya conocidas surgen cambios de actitud por malentendidos o diferencias que los años acentúan. Nunca hay certezas, quizá el compañero del trayecto vital sea un “¿quién sabe?”. Y si no se quieren buscar certezas perfectas, tal vez ese quién sabe nos abra espacios de libertad. Sigue leyendo

Cita

Ama, ¿qué es un monstruo?

Mi hija me pregunta qué es un monstruo… y yo recuerdo este poema de Gloria Fuertes…

El monstruo

Yo estaba en el bar,

entró un hombre corriente,

se sentó enfrente,

le miré distraída pensando en mis cosas,

–¡me espanté!–

tenía cara de no haber dicho “te quiero” en toda su vida.

Gloria Fuertes, Historia de Gloria. Amor, humor y desamor.

Minientrada

La violencia cotidiana

A veces me sorprendo maltratando a mis hij@s. No es un maltrato físico, no, es más bien el maltrato de los gestos, las miradas, el victimismo, el silencio, la manipulación, el sadismo… De todos los tipos de violencia que aparecen representados en La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick, la de los padres del adolescente delincuente protagonista (que no quieren ver, que no les importa, que todo les parece bien mientras no de problemas en casa) es la más inadvertida pese a su evidente carga cínica y su total falta de empatía. Y, sin embargo, en nuestra sociedad apenas hablamos (porque la tenemos validada) de ese tipo de violencia cotidiana que ejercemos los adultos hacia los niños. Muchas veces me doy cuenta: exijo (y acabo imponiendo) a mis hij@s, que acaban de empezar a vivir, mucho más de lo que me exijo a mí misma en mi relación con los demás. “¿Es tu niño bueno?”, me preguntan al conocer a mi bebé. Niños buenos, niños malos, desde la cuna (en función, claro, de las molestias que nos ocasionan). ¿Qué forma de dañar puede ser más efectiva que la que enjuicia la propia naturaleza de un ser tan  vulnerable, poniendo en tela de juicio el amor de los adultos?. Qué terror más espeluznante; todavía resuena en mí su eco.

“El amor cuando no hay un duro” de Joaquín Luna en La Vanguardia

(09/04/2014)

Hay mujeres que se lo merecen todo: tiempo, fidelidad, paciencia, comprensión y -finalmente- lo mejor del recuerdo (va por usted).

-Ya, pero no me atrevo a decirle que su plan es fantástico pero voy mal de dinero. Antes no la veo y me invento una excusa que decirle la verdad.

Mi amigo anda atribulado (nunca me invento amigos: ojalá fuera yo el protagonista). Conoció a una mujer casada, notaria, francesa, cuya foto cautiva: una mujer de apenas cuarenta años, elegante y con un halo de estabilidad sugerente. Mantuvieron una charla fugaz y ella -sorpresa- le hizo llegar uno de esos mensajes que no comprometen. Y mi amigo no es tonto.

Sin más, se citaron en una ciudad hecha a medida de un encuentro de 24 horas entre dos desconocidos. Y no fue París, que tiene ritmo de 72 horas, sino una de esas deliciosas capitales de provincia cuya belleza no abruma y donde el tiempo cunde (¡cuántas parejas no se habrán suicidado en escapadas románticas a Florencia!). Funcionó el magnetismo cinematográfico de los dos desconocidos que se atraen y se citan a sabiendas de que no hay futuro. Mi amigo estaba radiante y quiso lo mejor: el mejor hotel, el mejor restaurante, el mejor desayuno… Y se pateó mucho dinero e invitó a todo, no por chulería ni prepotencia, se lo gastó porque lo tenía ese día, porque ella se lo merecía y la situación también. ¿Acaso hay otra forma de vivir?. Sigue leyendo

Minientrada

Releer

Cada vez me gusta más releer. ¿No os ha pasado releer un libro años después y descubrir múltiples y nuevas significaciones, incluso nuevos personajes? Con el paso del tiempo las cosas se perciben de otro modo. Como la historia, que se escribe y se sobrescribe a la luz de nuevos hallazgos, con la distancia del desapego, ensanchando las perspectivas. Últimamente releo mi vida a la luz de la luna, he comprendido algo y hasta he descubierto a una larga y bella estirpe de abuelas que vivían detrás de mi sombra. Me gusta releer, releerlo todo. Acaso mis sentidos dejen algún de estrechar mi percepción.

Vídeo

De nuevo, “La luna en ti”

Es la segunda vez que sirvo este fantástico documental sobre la menstruación en el Café Afrodita. Según me dicen Ana y Ana, no es fácil encontrarlo en la carta. Mis disculpas, no soy la panacea del orden, como habéis averiguado. Espero que esta vez sí lo disfrutéis. Es largo pero merece la pena. Un beso.

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“Una historia para no saber” de Elvira Lindo, El País

El País del Domingo (16/09/2007)

Si te empeñas, hasta en los actos literarios acabas encontrando un ser humano. Yo tengo a mi lado a uno, Luis, maestro jubilado al que vemos de higos a brevas, pero con el que mantenemos fuertes vínculos de amistad. La comida es de un pantagruelismo español; es decir, dura cuatro horas, en las que da tiempo a hablar de lo divino y en algún momento precioso, como éste, de lo humano. Percibo en la mirada del maestro un brillo de melancolía y le pregunto qué tal va la vida. Salen algunas penas que no vienen al caso y, como suele ocurrir, Luis habla del gran apoyo que tiene en su niña. Su niña tiene síndrome de Down. Todos vamos cumpliendo años y la vamos dejando atrás, en esa especie de infancia eterna en la que los sentimientos se expresan sin barreras emocionales. Los niños con síndrome de Down te dicen que te quieren con una rotundidad apabullante, y su capacidad de querer es la mejor parte de su síndrome. Sigue leyendo