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Sara Naomi Lewkowicz, World Press Photo 2016

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“A vueltas con el instinto maternal”, por Javier Sampedro en El País

28 de febrero de 2016

El titular tiene una trampa: el concepto de “instinto”. Intentemos escapar de ella. Instinto es una palabra fea en nuestros días. Nos parece bien si se aplica a los animales, esas criaturas de Dios que se pasean crudas por el campo y no piensan más que en comer, dormir y copular. Pero en cuanto alguien la extiende al comportamiento humano se gana los rayos y truenos de psicólogos y pensadores, corruptos y perroflautas, tragasantos y ateos profesionales que, según parece, están dispuestos a perdonarle a su propia conciencia cualquier cosa menos un sesgo genético.

El hecho, sin embargo, es que nacemos condicionados por estrato sobre estrato de sesgos genéticos, estructuras cognitivas innatas que nos predisponen a uno u otro comportamiento, y a menudo por nuestro propio bien. Las matemáticas son un gran legado de dos milenios de cultura, pero se basan en una capacidad innata para el álgebra y la geometría que compartimos con los monos y quién sabe con quién más. La física newtoniana, sin menoscabo del genio de Newton, es más o menos la que llevamos programada de serie en nuestros circuitos neuronales, la que nos permite correr y saltar, tropezar y corregir o agarrar al vuelo las llaves del coche que nos acaban de tirar a traición y por la espalda. Entonces, ¿qué impide que las mujeres nazcan con un instinto maternal? ¿En qué disminuiría eso su condición humana? Sigue leyendo

La gran noticia (y no es lo que pensáis)

Post: The big announcement (and it’s not what you think) by Jen in Altered Type. Traducción propia del inglés.

Jueves, 13 de septiembre de 2012

“Me siento aligerada esta semana. Camino confiada y resuelta, y no es a causa del tiempo soleado que estamos teniendo. Trazo los orígenes de esta ligereza a un anuncio que hicimos la semana pasada a mi familia inmediata. El tipo de anuncio que sentíamos que era hora de hacer. No fue lo que esperaban, estoy segura.

“Octubre marca el final de cinco años de tratar de tener nuestra propia familia, sin éxito“.

Fui escueta.

“Como las personas suelen anunciar las buenas nuevas, la nuestra es que hemos comenzado la fase dos juntos, como pareja sin hijos. No tenemos idea de lo que nos depara el futuro, pero podemos sentir entusiasmo de nuevo.

Confrontativo; tal vez.

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“Conozco calles y casas donde se han construido grandes fábricas que roban la luz de las cocinas donde la mujer pasa casi toda su vida. Durante todo el día las máquinas producen un ruido infernal. Al saber que la mayoría de quienes allí trabajan son mujeres y muchachas, uno imagina que sus cuerpos giran al compás de esas máquinas. La madre se pregunta con qué cuenta para vivir. Si está por llegar otro bebé, espera que nazca muerto. Comienza a ingerir drogas. Casi no necesito decirles qué clase de sufrimiento y dolores atraviesa si el bebé vive. O la impresión que sufre la madre si le dicen que algo malo ha pasado con el bebé. Siente que será acusada si ha actuado a espaldas de marido, a quien teme. Todo esto se vuelve en contra de la mujer, física y psíquicamente. ¿Podéis imaginar a las mujeres recurriendo a la bebida? Si el niño vive y crece, termina histérico, su aspecto se vuelve desagradable y adquiere carácter atrabiliario… A la vista de semejante espectáculo, una espina se nos clava en el corazón porque sabemos cuál es la causa, y nos consta que no tiene remedio…”

Women’s Cooperative Guild, en Maternity: Letters from working-women (1915)

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“Ninguna mujer libre, capaz de controlar del todo sus maternidades, “elegiría” el aborto. En la actualidad, es probable que la mujer pueda, por muchas razones, desmoralizarse hasta el punto de recurrir al aborto como una forma de violencia contra sí misma, como penitencia y expiación. Pero esto debe considerarse en función de los sentimientos culpables y autocompasivos en medio de los cuales crecen tantas mujeres. En una sociedad en la cual las mujeres accedieran a las relaciones sexuales por su voluntad, donde la verdadera contracepción fuera una prioridad genuinamente social, no existiría el “problema del aborto”. Y en semejante sociedad se produciría una notable disminución del desprecio de la mujer por sí misma, fuente psíquica de muchos embarazos no deseados.

El aborto es violencia: una violencia profunda y desesperada que la mujer practica, ante todo, contra sí misma. Continuará siendo la acusación contra otra violencia peor, de la que es una secuela: la violación.”

Adrienne Rich, en Nacemos de mujer (1976)

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“Simbiosis”, de Ana Álvarez-Errecalde

www.alvarezerrecalde.com

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“Mi postura en relación a la maternidad, con la obra SIMBIOSIS se aleja de la idea de SUPERMOM tanto como mi idea de mujer se aleja de la idea de SUPERWOMAN en general. En mi caso no considero la maternidad como un superpoder por encima de l@s hij@s, sino como una relación absolutamente simbiótica, en donde cada ser es completo por sí mismo pero se reinventa y se fortalece en la relación que establece con el/la otr@.”

Ana Álvarez-Errecalde

 

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“…Existe un mito persa de la creación del mundo anterior al narrado en la Biblia. En aquel mito la mujer crea el mundo, y lo hace por medio del acto natural que le es propio y que no puede ser practicado por los hombres. Da a luz gran número de hijos. Éstos, asombrados por este acto que ellos no pueden repetir, se asustan. “¿Quién nos asegura –piensan– que ella, capaz de darnos la vida, no puede también quitárnosla?”. De modo que, a causa del temor que inspira este misterioso don femenino y su posible contrapartida, la matan.”

Frieda Fromm-Reichmann, en On denial of women’s sexual pleasure.

Nuevo relato de Toni Morrison

Para quienes leéis en inglés, otro regalo de Toni Morrison para reflexionar sobre la maternidad, la raza, los fantasmas femeninos. El texto completo lo tenéis en The New Yorker. La próxima novela de Morrison, God help the Child, aparecerá en abril.

“It’s not my fault. So you can’t blame me. I didn’t do it and have no idea how it happened. It didn’t take more than an hour after they pulled her out from between my legs for me to realize something was wrong. Really wrong. She was so black she scared me. Midnight black, Sudanese black. I’m light-skinned, with good hair, what we call high yellow, and so is Lula Ann’s father. Ain’t nobody in my family anywhere near that color. Tar is the closest I can think of, yet her hair don’t go with the skin. It’s different—straight but curly, like the hair on those naked tribes in Australia. You might think she’s a throwback, but a throwback to what? You should’ve seen my grandmother; she passed for white, married a white man, and never said another word to any one of her children. Any letter she got from my mother or my aunts she sent right back, unopened. Finally they got the message of no message and let her be. Almost all mulatto types and quadroons did that back in the day—if they had the right kind of hair, that is. Can you imagine how many white folks have Negro blood hiding in their veins? Guess. Twenty per cent, I heard. My own mother, Lula Mae, could have passed easy, but she chose not to. She told me the price she paid for that decision. When she and my father went to the courthouse to get married, there were two Bibles, and they had to put their hands on the one reserved for Negroes. The other one was for white people’s hands. The Bible! Can you beat it? My mother was a housekeeper for a rich white couple. They ate every meal she cooked and insisted she scrub their backs while they sat in the tub, and God knows what other intimate things they made her do, but no touching of the same Bible. Sigue leyendo

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Informe de la Conferencia Internacional de Población Mundial, Bucarest, 1974

“A pesar de las declaraciones retóricas en el sentido de que las parejas y las familias (nunca las mujeres) tienen derecho a determinar el momento de traer hijos al mundo, y el número de éstos, en ningún caso ese derecho se considera más importante que las exigencias de la economía. Si paseamos nuestra mirada por la historia de los países desarrollados -tanto capitalistas como socialistas- durante los últimos cincuenta años, concluiremos que siempre las mujeres han tenido que adaptar su fertilidad a las necesidades del trabajo o ser carne de cañón; nunca es la economía la que se adapta al crecimiento o decrecimiento de la natalidad.”

Sobre mentiras, secretos y silencios

Testimonio de Adrienne Rich, en su libro Sobre mentiras, secretos y silencios

“En la época en la que nació mi tercer hijo, sentí que debía o bien considerarme como una mujer y poeta fracasada o tratar de encontrar alguna conclusión que me permitiera entender lo que me estaba pasando. Lo que me asustaba sobre todo era ese sentido de estar a la deriva, de ser arrastrada por una corriente que parecía ser mi destino, pero en la cual yo creía estar perdiendo el contacto con quien quiera que yo había sido, con la muchacha que había experimentado por momentos, casi extáticamente, su propia voluntad y energía, caminando por la ciudad o subiéndose a un tren por la noche o mecanografiando en un cuarto de estudiante. En un poema sobre mi abuela, escribí (de mí misma), “una joven que se piensa dormida es una muerta con certificado” (“a medias”). Estaba escribiendo muy poco, en parte, por cansancio, sentía esa fatiga femenina de rabia reprimida y de pérdida de contacto consigo misma: en parte por la discontinuidad de la vida que las mujeres llevamos atendiendo las pequeñas cosas domésticas, recados, aquellos trabajos que los otros constantemente deshacen, junto con las necesidades continuas de los pequeños. Lo que escribía no me convencía y era difícil reconocer mi furia y mi frustración, dentro o fuera de mis poemas, porque de hecho me importaba mucho mi esposo y mis hijos. En un esfuerzo por mirar atrás y comprender aquel tiempo he tratado de analizar la verdadera naturaleza del conflicto. Sigue leyendo

“Negra, lesbiana y mala madre” de Elvira Lindo, El País

El País (01/06/2014)

No es fácil ser mujer y estar a la vista de todo el mundo. Se puede estar a la vista de todo el mundo por distintas razones: por tu propia actividad profesional o por la de tu pareja. En algún endemoniado caso coinciden las dos circunstancias, entonces, la mujer en cuestión ha de estar preparada para tener la culpa. ¿La culpa de qué? De lo suyo y de lo ajeno. La mujer, en la imaginería popular, es la que maneja los hilos en la sombra. Eso permite al hombre mandar sin ser absolutamente responsable de lo que hace.

En estos días, he leído aquí y allá reportajes sobre las mujeres-de: un aleccionador reportaje en el que se explicaba con detalle cómo cazar a un hombre poderoso, poniendo como ejemplo a Elena Ochoa, la esposa del arquitecto Norman Foster; otro, en el que se redimía a Arias Cañete de sus requiebros machistas desvelando que en casa es su mujer quien manda, y hasta una crónica que daba a conocer al gran público cómo es la mujer que conquistó el corazón de la nueva estrella política, Pablo Iglesias. Las mujeres siguen dando un toque de color, alumbran los reportajes y permiten a los periódicos ofrecer ese toque de papel couché que los lectores serios sólo se conceden cuando van a la peluquería. Sigue leyendo