“El amor cuando no hay un duro” de Joaquín Luna en La Vanguardia

(09/04/2014)

Hay mujeres que se lo merecen todo: tiempo, fidelidad, paciencia, comprensión y -finalmente- lo mejor del recuerdo (va por usted).

-Ya, pero no me atrevo a decirle que su plan es fantástico pero voy mal de dinero. Antes no la veo y me invento una excusa que decirle la verdad.

Mi amigo anda atribulado (nunca me invento amigos: ojalá fuera yo el protagonista). Conoció a una mujer casada, notaria, francesa, cuya foto cautiva: una mujer de apenas cuarenta años, elegante y con un halo de estabilidad sugerente. Mantuvieron una charla fugaz y ella -sorpresa- le hizo llegar uno de esos mensajes que no comprometen. Y mi amigo no es tonto.

Sin más, se citaron en una ciudad hecha a medida de un encuentro de 24 horas entre dos desconocidos. Y no fue París, que tiene ritmo de 72 horas, sino una de esas deliciosas capitales de provincia cuya belleza no abruma y donde el tiempo cunde (¡cuántas parejas no se habrán suicidado en escapadas románticas a Florencia!). Funcionó el magnetismo cinematográfico de los dos desconocidos que se atraen y se citan a sabiendas de que no hay futuro. Mi amigo estaba radiante y quiso lo mejor: el mejor hotel, el mejor restaurante, el mejor desayuno… Y se pateó mucho dinero e invitó a todo, no por chulería ni prepotencia, se lo gastó porque lo tenía ese día, porque ella se lo merecía y la situación también. ¿Acaso hay otra forma de vivir?. Sigue leyendo

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