La memoria de los cuentos

Tengo la suerte de tener como padre a un gran narrador. Sin embargo, durante mi infancia tenía sus energías puestas en surcar otros mares así que, treinta años después, aquí me tenéis, esperando con ansia cualquier historia suya que me transporte a otros mundos, a otros tiempos. Él ignora que escuchar sus correrías una, y otra, y otra vez me genera un placer intenso. Viendo cómo está el percal, pronto no tendrá con quien hablar de política y entonces mi niña sedienta de fábulas lo acaparará todo para ella. ¡Uf!  Un buen cuento (de los de mundos mágicos, niños pícaros, dragones, princesas, ogros, brujas y hadas), bien narrado, nunca se olvida. Tampoco olvidamos al contador, porque nos dedica atención, tiempo y cariño. Cuando se hace desde el corazón, un cuento oral es el mejor regalo posible porque nos ayuda a transitar por la vida, a adaptarnos, a fluir, a conectar con nuestra magia interior. Sigue leyendo

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Releer

Cada vez me gusta más releer. ¿No os ha pasado releer un libro años después y descubrir múltiples y nuevas significaciones, incluso nuevos personajes? Con el paso del tiempo las cosas se perciben de otro modo. Como la historia, que se escribe y se sobrescribe a la luz de nuevos hallazgos, con la distancia del desapego, ensanchando las perspectivas. Últimamente releo mi vida a la luz de la luna, he comprendido algo y hasta he descubierto a una larga y bella estirpe de abuelas que vivían detrás de mi sombra. Me gusta releer, releerlo todo. Acaso mis sentidos dejen algún de estrechar mi percepción.