Te Porohau, chamán maorí waitaha y monje budista

Tengo 76 años y dos casas, una en el sur de Nueva Zelanda y otra en el norte, donde me ocupo de mis 28 hijos (jóvenes de la comunidad). El último: un japonés al que adopté tras Fukushima. Nada de lo que explico es personal, es ancestral. Soy monje budista. Al morir, los waitaha volvemos a las estrellas

Ternura masculina

Es un hombre grande y amoroso cuyos abrazos de oso tienen el don de sanar, aunque sea momentáneamente, un corazón dañado e incluso un dolor de espalda (doy fe). Lo he visto llorar viendo el dolor en los ojos de una mujer o sosteniendo en su mano la diminuta mano de un bebé. Llora y sonríe. Su mujer es japonesa, Junco, más seria, casi severa, y lo acompaña. “Estamos juntos desde que los waitaha establecimos una alianza con Japón y su cultura budista, y es miembro ejecutivo de nuestro consejo de ancianos. Cuando viajo, su papel es el de hermana mayor. Debemos seguir las enseñanzas de las comunidades capaces de vivir en paz, por eso he venido a Barcelona, un portal de paz, a la llamada de la Proclamación Universal por la Paz”.

Entrevista publicada en La Contra de La Vanguardia. Ima Sanchís. 9/02/2016

“Si un hombre se pavonea las mujeres cantan para hacerle callar”

Junco es mi pareja, su apoyo incondicional me sostiene.

Es usted muy galante.

No es galantería, la nación waitaha es una comunidad matriarcal. Mi hermana mayor es la líder.

¿Y qué significa eso?

En nuestros parlamentos las mujeres tienen el papel principal. Creemos que las mujeres tienen un mejor entendimiento de cómo defender y cuidar a sus hijos, a sus nietos, e incluso a nosotros, sus maridos. Cualquier decisión se debe tomar desde lo femenino y lo masculino.

Pero ustedes son fuertes y robustos.

La fortaleza no está en los músculos. Hace muchos años los ingleses vinieron a nuestras tierras, todos eran hombres, y observamos que tenían el ego muy desarrollado. Sigue leyendo

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Sheila Heen: “Hay cosas de uno que sólo pueden decirle los demás”, en La Vanguardia

La Contra de La Vanguardia (10/06/2014).

Entrevista de Lluís Amiguet a Sheila Heen, profesora de Negociación en Harvard; autora del best seller “Difficult conversations“.

Cuanto más poder tienes, más tiempo dedicas a negociaciones difíciles.
Si gozas de una vida plácida, es que no pintas nada.
Y el gran problema de los que mandan es que nadie les dice sus defectos, por eso suelen darse cuenta de ellos cuando ya es tarde para corregirlos…
…Y para salvar el cargo.
O la pareja, o la amistad, o el respeto de los demás. Por eso es tan importante aprender a discernir qué hay de cierto en una crítica.
¿No hay que saber también ignorarlas?
Siempre hay algo de verdad en ellas: incluso en los insultos de tu hijo de 11 años en una rabieta, y has de aprovecharlas para mejorar.
Tomo nota.
Pero la mayor parte de las reacciones que provocan tus defectos son mudas.
¿…?
Son ese correo que no te enviaron, porque despreciaste a la secretaria y ella “se olvidó” de ponerte en lista; o esa reunión a la que nadie te convocó por lo que llegas a berrear cuando alguien te lleva la contraria; o la fiesta a la que nadie te invitó por tus chistes de mal gusto cuando te tomas dos copas…
Casi mejor no enterarme.
Queremos que nos quieran tal como somos, pero también aspiramos a ser mejores.
¿Son dos deseos irreconciliables?
La madurez es saber conciliarlos. Ser capaz de admitir una crítica sin dejar de confiar en ti mismo y discernir y aprovechar lo que hay en ella de cierto para corregirte.
¿Cómo? Sigue leyendo