“Anda y que te ondulen” por Elvira Lindo en El País

El País, 20 de febrero de 2016

Hay muchas maneras de hacer que una mujer se calle. Una es la directa, cállate. Está la muy habitual de no cederle la palabra. O cedérsela pero no escucharla. La más ruin de todas: ridiculizarla hasta conseguir que se amedrente. Hay ocasiones en las que para callar a una mujer se busca la complicidad del marido, “por favor, cállela usted”. Se diría que son prácticas anacrónicas, pero no. Basta con escuchar a Trump: “¿Cómo una mujer (Hillary Clinton) que no ha sabido satisfacer a su marido va a ser capaz de satisfacer a un país?”. O esa frase lapidaria del supercuñado de Rita Barberá: “Si me entero de que mi mujer ha pagado 1.000 euros al PP la corro a bofetadas”. En esta semana fantástica, alguien me enseñó el tuit de un conocido periodista que compadecía a mi marido que (como hombre de cierto músculo moral, decía el tipo) debía de estar asqueado con algunas de mis piezas periodísticas. Lo escribía de manera más grosera, a ustedes les evito la vergüenza de comprobar cuánta bilis cabe en 140 caracteres. Ay, pobres los maridos de las mujeres que se expresan libremente, lo que deben de sufrir. Sigue leyendo

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“Joan, belleza y luto”, por Elvira Lindo en El País

 6 de junio de 2015

Que “los tipos duros no bailan” ya no es algo sensatamente defendible. El título de la novela de Norman Mailer está anclado en una época en que ser duro todavía tenía prestigio. Ahora, atendiendo a la verdad, habría que decir que los que no bailan son los tímidos, los que se creen torpes o temen el ridículo, y más bien lo que producen, esos tipos, es ternura, cuando se aferran a la barra por ser incapaces de dejar que se les muevan los pies. El tiempo en el que “duro” podía ser un adjetivo halagador pasó, pero en absoluto nos hemos librado de los estereotipos que acompañan al sexo, o al género, dígase como se diga: a la rubia guapa se le sigue presuponiendo cierta flojera mental y provoca más interés sexual que otra cosa, tal vez sea esa la explicación de la célebre frialdad de las rubias, de esa distancia defensiva que algunos hombres consideran mal humor; la mujer que vive de su inteligencia o su talento debe hacer por borrar lo voluptuoso, lo sexy, lo femenino para que el interlocutor no se le despiste o para que, sencillamente, la tomen en serio. Sigue leyendo

Amaia Pérez Orozco: Poner la vida en el centro

“Queda bonito hablar de igualdad en el mercado laboral y no plantearse quién limpia el váter en casa”

Entrevista publicada en eldiario.es por Ana Requena Aguilar

Amaia Pérez Orozco es una de las referentes de la economía feminista, o de “las miradas feministas sobre la economía”, como ella prefiere llamala. Pérez Orozco es economista, participa activamente en movimientos sociales y acaba de publicar “Subversión feminista de la economía“, editado por Traficantes de Sueños. En el libro, hace una crítica profunda del sistema e insiste sobre el concepto “sostenibilidad de la vida”. “Mucha gente dice que eso de poner la vida en el centro no es feminista, que es de sentido común. Sería maravilloso que todo el mudo lo hiciera, pero no es así. Además, es feminista en sentido genealógico porque se vincula con debates históricos del feminismo, entre ellos el de lo personal es político, porque intenta poner en relación las macroestructuras con la vida”, defiende.

¿Qué es la economía feminista?

Es diversa pero podríamos decir que tiene tres elementos definitorios: por un lado, desplazar a los mercados como el eje analítico y de intervención política, es decir, que el centro de atención dejen de ser los flujos monetarios y la creación de valor de cambio y pasen a ser los procesos de sostenibilidad de la vida. Eso implica sacar a la luz todos los trabajos normalmente invisibilizados que están sosteniendo a la vida y que en el sistema capitalista heteropatriarcal permanecen ocultos y están históricamente asociaciados a las mujeres y la feminidad. El segundo elemento es situar el género como una variable clave que atraviesa el sistema socioeconómico, es decir, no es un elemento adicional, sino que las relaciones de género y desigualdad son un un eje estructural del sistema, el capitalismo es un capitalismo heteropatriarcal. El tercer elemento es no creer en la objetividad como neutralidad valorativa: creer que todo conocimiento del mundo está relacionado con una determinada posición política, explicitar tu posicionamiento y crear conocimiento con una clara vocación de transformar el sistema. Sigue leyendo

Vídeo

¿Quién quiere ser feminista?

Hasta el 22 de marzo está disponible en abierto el documental canadiense “¿Quién quiere ser feminista?” (Michael McNamara, 2011), emitido en La noche Temática con motivo del Día de la Mujer. No os lo perdáis, expone de manera clara y amena la evolución del feminismo anglosajón desde sus orígenes hasta la actualidad.

Aquí tenéis el enlace, cortesía de Rosa: http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/la-noche-tematica/noche-tematica-quien-quiere-ser-feminista/3031980/?media=tve

Cita

[Sylvia] Beach fue la “comadrona” de la carrera de [James] Joyce, se dedicó por entero a la publicación y promoción de su obra y a procurar fondos suficientes para el sustento del autor y su familia, de cuatro miembros. Además de la carga emocional y económica, ese empeño, que duró doce años, la llevó a la amenaza de encarcelamiento y al borde de la bancarrota. Así pues, aunque Sylvia vivió de una forma extraordinariamente arriesgada y no convencional, lo que hizo en la vida refleja una vez más un comportamiento femenino tradicional, el de incansable ama de llaves del genio masculino, sin retribución económica, el de hija de ministro modesta y humilde, el de víctima, en última instancia, sometida a la ambición masculina.”

Andrea Weiss, en París era mujer (1995).

Cita

Informe de la Conferencia Internacional de Población Mundial, Bucarest, 1974

“A pesar de las declaraciones retóricas en el sentido de que las parejas y las familias (nunca las mujeres) tienen derecho a determinar el momento de traer hijos al mundo, y el número de éstos, en ningún caso ese derecho se considera más importante que las exigencias de la economía. Si paseamos nuestra mirada por la historia de los países desarrollados -tanto capitalistas como socialistas- durante los últimos cincuenta años, concluiremos que siempre las mujeres han tenido que adaptar su fertilidad a las necesidades del trabajo o ser carne de cañón; nunca es la economía la que se adapta al crecimiento o decrecimiento de la natalidad.”

Sobre mentiras, secretos y silencios

Testimonio de Adrienne Rich, en su libro Sobre mentiras, secretos y silencios

“En la época en la que nació mi tercer hijo, sentí que debía o bien considerarme como una mujer y poeta fracasada o tratar de encontrar alguna conclusión que me permitiera entender lo que me estaba pasando. Lo que me asustaba sobre todo era ese sentido de estar a la deriva, de ser arrastrada por una corriente que parecía ser mi destino, pero en la cual yo creía estar perdiendo el contacto con quien quiera que yo había sido, con la muchacha que había experimentado por momentos, casi extáticamente, su propia voluntad y energía, caminando por la ciudad o subiéndose a un tren por la noche o mecanografiando en un cuarto de estudiante. En un poema sobre mi abuela, escribí (de mí misma), “una joven que se piensa dormida es una muerta con certificado” (“a medias”). Estaba escribiendo muy poco, en parte, por cansancio, sentía esa fatiga femenina de rabia reprimida y de pérdida de contacto consigo misma: en parte por la discontinuidad de la vida que las mujeres llevamos atendiendo las pequeñas cosas domésticas, recados, aquellos trabajos que los otros constantemente deshacen, junto con las necesidades continuas de los pequeños. Lo que escribía no me convencía y era difícil reconocer mi furia y mi frustración, dentro o fuera de mis poemas, porque de hecho me importaba mucho mi esposo y mis hijos. En un esfuerzo por mirar atrás y comprender aquel tiempo he tratado de analizar la verdadera naturaleza del conflicto. Sigue leyendo

Sheila Heen: “Hay cosas de uno que sólo pueden decirle los demás”, en La Vanguardia

La Contra de La Vanguardia (10/06/2014).

Entrevista de Lluís Amiguet a Sheila Heen, profesora de Negociación en Harvard; autora del best seller “Difficult conversations“.

Cuanto más poder tienes, más tiempo dedicas a negociaciones difíciles.
Si gozas de una vida plácida, es que no pintas nada.
Y el gran problema de los que mandan es que nadie les dice sus defectos, por eso suelen darse cuenta de ellos cuando ya es tarde para corregirlos…
…Y para salvar el cargo.
O la pareja, o la amistad, o el respeto de los demás. Por eso es tan importante aprender a discernir qué hay de cierto en una crítica.
¿No hay que saber también ignorarlas?
Siempre hay algo de verdad en ellas: incluso en los insultos de tu hijo de 11 años en una rabieta, y has de aprovecharlas para mejorar.
Tomo nota.
Pero la mayor parte de las reacciones que provocan tus defectos son mudas.
¿…?
Son ese correo que no te enviaron, porque despreciaste a la secretaria y ella “se olvidó” de ponerte en lista; o esa reunión a la que nadie te convocó por lo que llegas a berrear cuando alguien te lleva la contraria; o la fiesta a la que nadie te invitó por tus chistes de mal gusto cuando te tomas dos copas…
Casi mejor no enterarme.
Queremos que nos quieran tal como somos, pero también aspiramos a ser mejores.
¿Son dos deseos irreconciliables?
La madurez es saber conciliarlos. Ser capaz de admitir una crítica sin dejar de confiar en ti mismo y discernir y aprovechar lo que hay en ella de cierto para corregirte.
¿Cómo? Sigue leyendo