Cita

Martirologio, de Colette

Publicado en Le Matin, 5 de marzo de 1914

Recogido en Colette: Cuentos de las mil y una mañanas, Plaza & Janes, 1973

“Quiero consignar aquí algunos rasgos del heroísmo femenino. Heroísmo al que sólo falta ser meritorio, y que os autorizo a llamar, también, resistencia, sadismo, humildad: todas ellas palabras muy corteses, por no escribir otra en la que estoy pensando. Confío en que, bajo una seca forma de fichas, os parecerán más conmovedores estos rasgos de elegante fanatismo.

Madame A… -Treinta años, hermosa y sana. Ha ido desde el puente de la Concordia haste el Louvre, a pie, ataviada con un vestido de terciopelo sobre el que se había echado un abrigo de pieles, forrado de pana de seda. Desde que el sujeto se pone en movimiento, el terciopelo de la falda entra en obstinado roce con la pana del forro del abrigo… A los cuarenta minutos, llegada del sujeto a la altura del pabellón de Rohan. Agotamiento; rodillas y tobillos doloridos; jadeos espasmódicos; abrigo y falda pegados fuertemente, enrollados en espiral y subidos hacia la región lumbar; ojos desorbitados, fenómenos nerviosos inquietantes.

Madame B…-Edad: treinta y siete años. Algo débil, pero nerviosa y más resistente de lo que parece a primera vista. Ha soportado, desde las doce y media hasta las ocho menos cuarto, un sombrero tipo anteojera, que oculta completamente el ojo y el perfil derechos. Sin más accidentes que un giro característico de la cabeza y manifestaciones de ceguera a medias (choque violento con un mueble, encuentro con un caballo de coche de punto, derribo de una bandeja llena de pasteles, etc.) A eso de las 7,35 el sujeto da muestras de fatiga: bostezos repetidos; cefalalgia; vértigos; náuseas. La desaparición de estos síntomas coincide con el abandono del sombrero-anteojera.

Mademoiselle C… -Edad:veinticinco años. Sujeto turbulento: temperamento deportivo y de coleccionista. Afirma que le gusta ir a pie; reúne en su casa los más variados ejemplares de zapatos de moda, con cuya ayuda pretende caminar. Una rápida inspección en el domicilio privado del sujeto, nos ha permitido comprobar que sus zapatos van provistos, unos (especiales para el ´footing) de tacones de ocho centímetros; otros (para la tarde y para la noche) de tacones de nueve a doce centímetros. El sujeto se queja de dolores en los pies, las rodillas, el vientre y los riñones. Al apremiarla para que nos mostrase los pies, ha opuesto resistencia desesperada y pronunciado palabras incoherentes como: “juanetes…, perdiz…,encarnado…”. Fiebre cotidiana, varices.

Madame D…-Edad probable: cincuenta años. Barros en la cara. Sofocación. Propensión a hacérsele grasa en el corazón. Estreñimiento pertinaz, cistitis. En un principio de delirio místico, pretende suprimir, durante dieciocho horas de las veinticuatro del día, las funciones humillantes del cuerpo, y se encierra en una funda de tejido muy apretada, que aprisiona la parte inferior del tronco, los muslos y las rodillas, que carece de toda abertura higiénica y a la que llama “el corsé Intangible”.

Madame E…-Edad: alrededor de los treinta años. Anémica. Abundante cabellera rubia, que riza y ondula con mucho cuidado. Sujeto propenso a mortificaciones discretas, se priva voluntariamente de contemplar las bellezas de este mundo perecedero. Ha pasado los meses de julio y agosto en un pueblo de la costa, negándose obstinadamente a salir de casa y a pasear por la playa. Daba como excusa de su encierro que “la humedad salina vuelve lacios los cabellos y deshace las ondas”.

Mesdemoiselles F… y G… -Edad: veinticinco y veintiocho años, respectivamente. Nerviosas, agitadas: tipo omnisciente y pionero. Buena disposición para el apostolado, que se manifiesta espontáneamente en axiomas fanáticos. Ejemplo: “Quien puede mostrar una blusa de tul realmente elegante no siente el frío”. Otro ejemplo: “Nunca tengo tanto calor como cuando voy escotada”. Tercer ejemplo: “Prefiero dar diente con diente antes que ponerme una camiseta de punto debajo de la blusa”.

Manía exploradora, necesidad de inmolarse ante la multitud. Recientemente, ambos sujetos se empeñaron en ir a Moscú, en pleno invierno, sin llevar más abrigo que unas prendas de pieles “muy parisienses” (abrigo de armiño con gran escote en punta, delante y detrás, y mangas pingüino; gran capa de cebellina, sin cuello ni mangas, sustituidas estas por dos aberturas, a través de las cuales pasan los brazos desnudos. Estos dos abrigos se abren de amenra idéntica por delante, hecho que según dicen ellas sin vacilar, “facilita la marcha”).

En cuanto llegaron a Moscú, ambos sujetos anunciaron su intención de ir al teatro. Su paso por el vestíbulo del hotel fue emocionante; serenas, intrépidas, avanzaron entre un grupo de amigos y de indiferentes, que les suplicaban volviesen a su habitación y “se taparan bien”. Un frío de 24 grados bajo cero las envolvió en cuanto salieron del hotel, y su sorpresa sólo fue igualada en intensidad por la pulmonía que vino después.

Llegamos ahora al caso de Madame H…, rigurosamente auténtico, igual que los mencionados más arriba.

Madame H… -Edad probable: treinta y cinco años; morena, autoritaria; tipo omnisciente y testarudo. Sigue dos o tres regímenes a la vez: uno, para adelgazar; otro apra combatir la enteritis; el tercero, para aclarar el tono de la piel. Un día sustitutyó la píldora adelgazante por una lección de tango, continuada al día siguiente. Se aficionó de modo intenso y tenaz a esta gimnasia rítmica; se divirtió con ella, sin pensar que pudiese ocurrirle nada malo. Bailó el tango por la tarde, y por la noche (léase después de medianoche). Nada de particular durante dos meses y medio.

Después de este tiempo, el sujeto se quejó de dolores en el bajo vientre y en los riñones. Su rostro se puso demacrado y su piel adquirió un tono amarillento. El termómetro reveló fiebre cotidiana. Continuó el tango, y también los dolores. El sujeto ocultó su mal, hasta que tuvo que guardar cama y llamar al médico.

El médico observó una inflamación grave e interrogó minuciosamente al sujeto, el cual acabó por confesar que, desde hacía dos meses y medio, y casi sin darse cuenta, había bailado el tango durante siete, ocho y a veces once horas al día, siempre calzando zapatos muy estrechos y tacones altos. Peritonitis. Intervención quirúrgica, seguida de muerte.”

Gracias, Josune, por regalarme a la fantástica Colette y a tantas otras.

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