Formación y estabilidad emocional

Tengo un buen amigo que cuando lee prensa se acuerda de mí, del poco tiempo que me deja la crianza y de mi curiosidad infinita por el género humano. Así que para bajar mi nivel de ansiedad me pasa semanalmente una pila de recortes muy a mi gusto que leo entre pucheros, pañales, idas y venidas. Nunca sabré cómo agradecértelo, Javier.

Leo un titular de La Vanguardia del 5 de abril de 2014, Tendencias, página 26: “Parejas: ellas ya tienen más estudios“. Subtítulo: “El total de uniones con mujeres mejor formadas que los hombres supera por primera vez las de signo inverso“. Básicamente, el artículo recoge las principales conclusiones de un estudio estadístico de la UAB que podéis enlazar aquí. En la última década en España bajan las parejas en las que el hombre tiene más estudios, aumentan las que los dos tienen un nivel similar y también las que la mujer tiene mayor nivel de formación. En casa, las parejas sin hijos son más igualitarias; con hijos, continúan las desigualdades.

Leo en el despiece inferior: “Aproximación a las emociones“. Ummm… material, material. Os lo transcribo, a ver qué os sugiere.

Aproximación a las emociones

Medir el bienestar emocional de las personas es una cuestión subjetiva y por lo tanto hay que observarlo con cierta distancia. ¿Cómo puede influir el progresivo crecimiento en la sociedad española y catalana de las parejas en las que ellas tienen más estudios? En primer lugar, hay que decir que el modelo patriarcal, aunque sea matizado, sigue impregnando los usos y costumbres familiares, y un cierto ideario general.

Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla, ha estudiado cómo influyen estos equilibrios sociales, laborales y educativos en la pareja y llega a la conclusión de que, de nuevo, son las mujeres las que han de pagar un sobreprecio, en este caso, “emocional”, ante los cambios que se están produciendo. El matrimonio, dice, es bastante mejor para los hombres que para las mujeres.

En su trabajo Matrimonio, desigualdad de género y bienestar de la pareja, explica que el modelo clásico en el que el hombre atesora un mayor estatus -aquí no se habla sólo de nivel educativo- sigue siendo emocionalmente beneficioso para las mujeres europeas de bajo nivel socioeconómico, ya que ascienden de nivel sin romper los patrones clásicos. En cambio, “esta pauta no se manifiesta en las mujeres europeas que pertenecen al resto de estratos”. En este retrato, cabe señalar que en los hombres nunca mejora el bienestar emocional cuando se emparejan con una mujer de un estatus inferior.

En este acercamiento a las emociones llaman la atención las dificultades en la convivencia entre las parejas con un nivel socioeconómico y educativo similar y especialmente en aquellas en las que las mujeres tienen un mínimo estatus superior. Los índices de bienestar socioemocional, sostiene Bericat, descienden “poniendo de relieve que esta pequeña inversión del orden social tradicional” puede suscitar la resistencia de algunos hombres. Y, por tanto, dar lugar a problemas de convivencia y tensiones.

En contraposición, donde se observa una mayor estabilidad emocional -desde una perspectiva de análisis sobre la evolución de la mujer- es en las parejas donde ellas tienen un estatus considerablemente superior. “Parece que sólo de esta manera -comenta- se diluyen las tensiones que genera el orden tradicional”. Y aquí seguramente se indica el camino a futuro, ya que se transforma la “vieja dignidad masculina” hacia nuevos modelos de masculinidad y relación.

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