El desamparo

Bonito artículo de Remei Margarit, psicóloga y escritora, publicado en La Vanguardia (15/02/2014). Material para nuestra hechicera.

“Cuando nacemos, dejamos atrás un claustro protegido del frío y del hambre, donde flotando en una bolsa de tibio líquido y sólo oyendo de lejos algunas voces familiares, de la madre, por encima de todas, nos sentíamos amparados. Y el nacimiento se convierte en un gran cambio: un mundo ruidoso, con unas sensaciones de hambre y de frío nunca antes sentidas y sin ninguna posibilidad de defendernos solos, tan sólo el llanto es nuestro aliado para hacernos oír. Así que pasa el tiempo y vamos creciendo, ya aprendemos que hay quien nos protege y ama, y nuestra sensación de seguridad se va reforzando. Ya metidos en la vida adulta, esa sensación de desamparo primaria queda en algún rincón de nuestro inconsciente, y en los momentos en que la vida pone a prueba nuestras fuerzas, parece que en nuestro interior, se abra una rendija por donde se escapa aquella conocida sensación. Y aquellos momentos pueden tomar una intensidad transtornadora en la que, a la dificultad que ha surgido, se mezcla el temor de aquella fragilidad sentida en los primeros momentos de nuestra vida. Aún así, cuando sabemos lo que sabemos y valorándonos como nos valoramos, aquella conocida fragilidad llamará a la puerta. Quizá por eso cuando surgen dificultades importantes en el vivir, tendemos a dormir tanto como podemos, metidos entre sábanas y bajo las mantas o los nórdicos de ahora, que nos ofrecen una clase de nido tibio donde recuperarnos de los temores. Querríamos que la sensación de desamparo quedara en el fondo del inconsciente para siempre, y que la vida que hemos creado -la que sea- fuera una fortaleza que nos defendiera siempre de cualquier malestar. Pero no funciona así, pues en el fondo la criatura que sintió aquel desamparo somos nosotros mismos y los primeros temores, un día u otro, sacan cabeza y se hacen presentes.

Es bueno saberlo para hacer las paces con esta criatura que llevamos dentro y tratarla lo mejor posible, porque esa es una manera de cuidar de uno mismo, y con ello poder sentir las dos cosas: la vida que vamos creando y la que nos ha creado tal como somos.”

Si te ha gustado puedes consultar más artículos de Remei Margarit en La Vanguardia.

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