Erika Lust y el porno diferente

 

Me encanta esta mujer, su frescura. Se dedica a coleccionar fantasías eróticas femeninas. Por fin un porno donde la fémina participa, disfruta, se corre,… donde hay imaginación y argumento y fotografía y decorados reales… en fin, que huye de la ramplonería y la grosería de la industria pornográfica predominante. Este material debería estar al alcance de todos los adolescentes. Chicos, chicas, ¡podéis disfrutar del sexo!, no os asustéis, no necesitáis ser Johnny Sins, ni Gabriella Fox, ni posar, ni actuar, sólo dejaros llevar. Eso sí, tantos siglos  diciéndonos que el sexo es sólo REPRODUCCIÓN que ahora creemos que es sólo PLACER. Ojito, ojito, que es ambas cosas.

Sólo una crítica al cine de Erika Lust (y lo digo conociéndolo superficialmente, así que corro el riesgo de ser ingrata e injusta, ya me perdonareis): la estética. Las mujeres tenemos pelo en el pubis, los hombres también y no siempre vamos depilad@s, ni tenemos unos órganos sexuales perfectos. Y lo mejor es que eso no impide que nos excitemos cuando nuestra pareja nos gusta de verdad, aunque sea pelud@, barrigud@ y tenga pechos caídos. Por no hablar de la ropa interior o de los peinados: ¿desde cuándo eso le importa a un hombre en pleno arrebato? Es una invención de la industria. Bueno, pues eso, pechos grandes, depilación brasileña, ropa sexy, maquillaje, penes enormes,… La cultura porno sigue condicionando nuestra estética y nuestra sexualidad.

Claro, hay quien dice que “total, sólo es cine para hacerse una paja”, pero a mí me parece que es mucho más que eso. Caitlin Moran lo explica muy bien en su libro Cómo ser mujer publicado en Anagrama (por cierto, recomendable lectura). En nuestro sociedad digital los adolescentes adquieren una parte vital de su educación sexual en Internet. La cultura porno incide en muchos aspectos prácticos de nuestras vidas y en el imaginario erótico. Por eso es importante que en el porno hombres y mujeres lo pasen bien, se respeten a ellos mismos y sean respetados. Que las mujeres también puedan ver cumplidos sus deseos (aún sin estar depiladas y usar una talla 34), que los hombres puedan relajarse y dejarse llevar, que “los feos”, “los gordos”, “los de pene y tetas pequeñas” entiendan que eso no es un impedimento para desarrollar su sexualidad plenamente. Creo que ese porno de gente “corriente”, donde el erotismo reside en el argumento, en la pasión, en el deseo, en el juego sexual, me seguiría excitando y, a la vez, resultaría mucho más sanador, menos represivo, más respetuoso. No entiendo por qué los cuerpos toman tanto protagonismo si sólo se trata de pasar un buen rato.

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